Según Juan Carlos Cuadros, periodista del diario El Comercio, en su artículo titulado “Vecinos amantes de las fiestas: una molesta realidad”, publicado el día 6 de noviembre pasado, el ruido afecta la convivencia social cuando sobrepasa los niveles establecidos. Estos niveles, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), deben de ser menores a 50 decibeles (dB) durante el día y menores a 40 dB de noche, valores que corresponden a zonas residenciales.
Si se sobrepasan estos niveles, las personas no pueden dormir, sus frecuencias cardiacas y respiratorias aumentan y se alteran sus ondas electroencefálicas, propias del sueño reparador. Por lo tanto, las personas no logran un descanso adecuado, presentan malestar general y disminuyen su productividad.
La ley establece que lo que debe primar es la tranquilidad; por lo que, el ruido molesto debe de ser combatido. Para combatir el problema del ruido, primero, se debe pedir a quienes lo producen que disminuyan su nivel. Si esto no da resultado, se debe llamar al serenazgo del distrito para que intervenga y con un sonómetro (aparato que sirve para medir la intensidad del ruido) comprueben si los niveles de ruido sobrepasan los establecidos. Si es así, solicitarán a la fuente que disminuyan el nivel de ruido; si no se acata la orden, actuará la Policía Municipal notificando y sancionando al infractor con una multa, cuyo valor varía según el distrito.
Por último, si el infractor no reacciona a las solicitudes ni a las multas; entonces, el afectado podrá llamar a la Policía de su distrito.

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