Una nueva educación científica basada en las humanidades:
Según Luis Jaime Cisneros, en su artículo titulado Ciencia y Humanidades, la educación científica actual se caracteriza por la simplificación del proceso científico a la mera verificación, a la comprobación. El campo científico se ha delimitado y se ha reducido la importancia de la subjetividad en la observación y el análisis científico.
Como solución a este problema, el autor plantea que la formación universitaria debe equilibrarse. Esto quiere decir que la enseñanza de los conocimientos científicos debe orientarse hacia la realidad, hacia la labor profesional.
Esta es la tarea principal del educador: crear el vínculo entre la intelectualidad y el entorno vital del estudiante; si esto no se cumple, la enseñanza no sería humanizada, por el contrario, sería fría y obsoleta, y dañaría la intimidad del estudiante, desde la que arranca su ansia de saber y de perfección.
Este cambio debe originarse en los profesores. Estos deben cuestionar el método tradicional de enseñanza y proponer uno que se adecúe más a la realidad. También, deben de preparar al estudiante para enfrentar la teoría con los hechos, pues ninguna teoría explica todos los fenómenos de su campo de estudio.
En conclusión, la educación universitaria no solo traslada conocimientos, sino, también, estimula la curiosidad y aviva el aprendizaje para provocar el riesgo y la aventura del conocimiento, creadora de la inteligencia. Las humanidades ya no son asignaturas sino actitudes que miran al fondo de la vida científica.
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